miércoles, 5 de febrero de 2014

Historia viva en la Isla de Mezcala

 
Riqueza cultural y hermosas vistas al Lago de Chapala en un antiguo rincón que guarda la esencia de Jalisco
 
GUADALAJARA, JALISCO (26/ENE/2014).- Muchos de los paseantes domingueros que visitan el Lago de Chapala para descansar del ajetreo citadino, no saben qué hay más allá de su malecón. Uno de esos secretos bien guardados es la Isla de Mezcala, un prodigioso terruño de 20 hectáreas lleno de historia viva, que además ofrece las vistas más sorprendentes al espejo de agua gris.

Fundada alrededor de 1280, alguna vez fue un centro de culto de gran importancia para las civilizaciones prehispánicas originarias de Jalisco. También conocida como la Isla del Presidio, se localiza en la Ribera Norte del Lago de Chapala y se llega a ella por la Carretera a Chapala tras pasar por otros poblados ribereños como Tlachichilco del Carmen, San Juan Tecomatlán, San Nicolás y Ojo de Agua.

La isla pertenece a la localidad denominada Mezcala de la Asunción, del municipio de Poncitlán, donde habita una comunidad de indígenas coca, en su mayoría pescadores y artesanos textiles. También hay algunos talleres de huaraches. Desde el poblado salen lanchas para conocer ese trozo de tierra rodeado de agua dulce.

De las huellas de su grandeza precolombina, quedaron testimonios palpables como puntas de obsidiana, ornamentos, tumbas de tiro, piezas cerámicas de la tradición Teuchitlán (Guachimontones), del tipo Ixtépete (periodo clásico del 200 al 700 d.C.) y de la tradición de Aztlán (850 al 1350 d.C.). Pero su historia más reciente nos lleva apenas unos 200 años atrás.

En Mezcala se escribió uno de los capítulos más fascinantes de la Guerra de Independencia de México. Perseguidos tras la batalla de Puente de Calderón el 17 de enero de 1811, un grupo de insurgentes se instala en la isla para alzar una fortificación que resistió durante cuatro años los ataques de los realistas (1812-1816).

En el sitio quedan restos de gruesas tapias, hechas a base de piedras acomodadas unas sobre otras, que constituyeron las tenerías, graneros, obrajes, corrales, así como las galerías dormitorio para los soldados, las cocinas y, fundamentalmente, los pasos de ronda donde los insurgentes vigilaban lo que sucedía en lontananza.