martes, 11 de septiembre de 2012



Multitudinaria peregrinación a Arantzazu


Varios centenares de legazpiarras acudieron ayer al encuentro con la 'Amatxo de Gipuzkoa'

09.09.12 -


«Espiritualidad, naturaleza y tradición» conectaron ayer Legazpi con Arantzazu durante la peregrinación de cada 8 de septiembre. Centenares de personas visitaron a la Amatxo de Gipuzkoa llenos de fe, agradecimiento, peticiones. Tal y como describe el párroco de Legazpi, Victoriano Etxabe, «el vínculo con la virgen se mantiene fuerte generación tras generación, son muchos los legazpiarras que encuentran en ella un punto de referencia importante, con sentimientos muy profundos y distintos que van desde la emoción y la gratitud, hasta el consuelo y la plegaria». El sacerdote local presidió la misa celebrada a las doce del mediodía en el santuario, acompañado de una veintena de franciscanos. El hecho de que fuera sábado alentó la participación de la gente, llegando a congregarse medio millar de personas dentro del templo.
La naturaleza fue otro de los regalos del camino a Arantzazu. Cerca de ochenta montañeros hicieron los diez kilómetros que separan Udana del santuario a pié. Sobre el kilómetro cuatro, una vez pasadas las chabolas de Jaondo y subidas las minas, pararon en la fuente de la virgen para disfrutar del hamaiketako que les tenían preparado Paulo Ormazabal, Jorge Gil y Txus Otermin. «El chorizo, la salda y la carne con tomate de este año estaban de categoría», coincidían en alabar muchos mendizales. Tras reponer fuerzas, continuaban la marcha hasta las chabolas de Duru y finalmente Arantzazu, llegando al santuario poco después las diez de la mañana. «Hemos tardado unas dos horas y media en hacer el camino, con bonitas vistas, buen ritmo y mejor ambiente», contaban desde el grupo. También hubo quienes por su cuenta, realizaron más de 17 kilómetros andando desde Legazpi hasta allí.
La alegre melodía de los txistularis de Legazpi, Oñati y Urretxu en las inmediaciones de la basílica y una comida popular en el Hotel Santuario de Arantzazu con 130 comensales redondearon el día.
Todos ellos emprendieron la vuelta a Legazpi a las cinco y media de la tarde en autobús, dejando atrás una basílica en plenos preparativos para su día más grande. Hoy acogerá la subida de los oñatiarras y la misa mayor en honor a la patrona de Gipuzkoa.
Una unión que viene de lejos
Como otras muchas localidades, la nuestra está cerca de cumplir un siglo de peregrinaje a Arantzazu. A través del libro 'Legazpi siglo XX: hitos en el camino hacia la modernidad' de José Mari Urcelay podemos conocer numerosos detalles del vínculo existente entre nuestra pueblo y Arantzazu a lo largo de la historia. Cabe comenzar por abril de 1912, cuando el Ayuntamiento de Legazpi acordó adherirse a la propuesta realizada por el consistorio de Oñati para que la Virgen de Arantzazu fuera nombrada patrona de Gipuzkoa. Casi seis años después, durante un pleno celebrado en marzo de 1918, la Corporación Municipal de Legazpi se hacía eco de la esperada noticia: «El Papa, durante la misa mayor, había proclamado a la Virgen de Arantzazu patrona de la provincia». En ese mismo instante el Ayuntamiento acordaba felicitar a la comunidad franciscana de Arantzazu y otorgarle un donativo de 250 de las antiguas pesetas. A primeros de septiembre de 1920, una comisión provincial animaba a engalanar los balcones y ventanas de toda Gipuzkoa el 9 de septiembre, con motivo de la festividad de la Virgen de Arantzazu. El 12 de septiembre de ese mismo año el Ayuntamiento de Legazpi acordaba celebrar una peregrinación anual a Arantzazu, que tendría lugar cada 8 de septiembre con la participación de una representación municipal en la misma.
Se sabe que esta tradición fue interrumpida en los tiempos de la Segunda República, con la aprobación de la constitución de diciembre de 1931. Entre sus decretos estaba la prohibición de toda actividad municipal en actos y manifestaciones de índole religiosa.
Se cree que la peregrinación fue recuperada en la década de los cuarenta. Al menos hay constancia de que en 1943 el 9 de septiembre fue declarado festivo en el calendario laboral.
Algo que también ocurrió con el 8 de septiembre en Legazpi durante un tiempo. Trabajadores de las décadas de los 40 y 50 recuerdan como Patricio Echeverría habilitaba camiones con bancos en su interior para acudir a la peregrinación.