lunes, 11 de julio de 2011

El minipaís que es todo un encanto

Liechtenstein es un pequeño y poderoso principado entre montañas.

Domingo 10 de julio de 2011

Igor Galo | El Universal

El pequeño principado, situado entre Suiza y Austria, tiene tan sólo 35 mil habitantes. Su limitadísima extensión de 160 kilómetros cuadrados, en el valle del río Rin, contrasta con su renta per cápita, la mayor del mundo, con más de 108 mil dólares por persona en 2009.


Además de centro financiero internacional es el último estado europeo donde el monarca tiene poderes reales.

Diminuto e irresistible

El castillo de Vaduz, residencia de los príncipes de Liechtenstein, tiene unos 700 años. No puede visitarse, pero puede admirarse, con el Rin de fondo, desde una carretera.

Cada 15 de agosto, el príncipe ofrece en sus jardines, un agasajo de comida, bebida y un espectáculo de fuego artificiales para el pueblo y los turistas.

La oferta cultural de Vaduz sorprende para una "ciudad" de 5 mil habitantes. El Museo del Arte, en la calle peatonal, es una joya de la arquitectura moderna que incluye un restaurante de sushi, comandado por chef traído desde Japón.

Ofrece exposiciones de arte moderno y, temporalmente, parte de la colección de cuadros del príncipe Hans-Adam II -con obras de Rubens, Rembrandt y Van Dyck- de las más extensas del mundo. No en vano se cree que esta familia real está entre las más ricas de Europa.

Muy cerca se encuentran el Museo Nacional, para conocer la historia del principado, y el Museo Filatélico. Las emisiones de sellos del principado ha sido uno de sus mayores negocios. Son varias las oficinas de turismo y correos, y tiendas que venden sellos para coleccionistas.

En la calle principal se puede sellar el pasaporte con el sello de entrada en Liechtenstein, que por exótico es también muy demandando. Para ello hay que ir a la oficina de turismo.

Para quienes van con el tiempo justo, existe un minitren que recorre los rincones de la ciudad en 30 minutos, con explicación en varios idiomas.

Otro de sus atractivos son los más de 400 kilómetros de rutas señalizadas para trekking y bici, por un valle de gran encanto y pendientes con vistas del principado, Suiza y Austria.

Las bodegas del Príncipe

Como todo en Liechtenstein, la producción de vinos es tan reducida como exclusiva. Sólo 20 mil botellas a precios nada baratos. En la bodega se ofrece degustación de los vinos locales por 25 euros por persona con explicaciones personalizadas (www.hofkellerei.li).

En el viñedo de cuatro hectáreas se instaló uno de los mejores restaurantes, Torkel, fusión de cocina tradicional e internacional y una extensa cava.

Appenzellerland

Las aguas minerales y el queso especiado han hecho famosa a Appenzell, una región rural y muy tradicional. Ambos productos se pueden adquirir en la calle principal. Algunas queserías de los alrededores organizan degustaciones.

En su centro urbano se levantan casas tradicionales suizas, decoradas con pinturas siguiendo modelos antiguos. Ahí mismo está el Museo de Appenzell, una opción para conocer la historia de este cantón suizo.

Para quienes se quedan varios días, los hoteles y apartamentos locales ofrecen un Appenzell Card que incluye trasporte, acceso a museos y también subidas gratuitas en los tres funiculares que rodean el pueblo.

Alrededor de Appenzell se puede ascender, de forma gratuita, al Ebenalp, un pico en el que se encuentra una cueva con restos prehistóricos y una ermita excavada en la roca, además de un alberge que, literalmente, está colgado de la roca.

Es un entorno de montaña verde, salpicados de lagos azules, donde el único ruido son los cencerros de vacas y ovejas.